Proyecto Artístico.
El proyecto se llama “ventana” y consiste en colocar una pantalla y una cámara en algún lugar público que se conecte en tiempo real a otra pantalla y cámara en otro lugar del mundo. La clave es que las imágenes deben proyectarse al tamaño real de modo que se fortalezca la sensación de que estamos viendo a través de una ventana otra parte del mundo. No pondríamos audio en ningún lado de la ventana.
Es muy fácil implementar, sobre todo si se le pude vender la idea a una empresa fabricante de pantallas que podrían promocionarse con el proyecto, y sus alcances son muchísimos.
Algunas posibilidades:
• Podemos poner una ventana en una calle saturada como las que se ven en Japón a la hora de entrada de las oficinas. Y la otra en la plaza de un pequeño pueblo donde las cosas suceden mucho más despacio. Quizá algún ejecutivo japonés decida darse unos segundos para convivir con un pescador que a las 8 de la mañana ya terminó su jornada laboral y se dispone a tomar un merecido descanso
• Si se consigue un gran patrocinador podríamos instalar una ventana afuera de sus diferentes sucursales alrededor del mundo y cada día conectarse con un lugar diferente.
• Podríamos conectar ventanas en dos museos en diferentes partes del mundo, desde donde se pueda ver una obra al otro lado pero también las personas del otro lado puedan ver una obra, e incluso intercambiar opiniones con visitantes del primer museo.
• Poner una ventana en la vía pública sin avisarle a nadie y estudiar la interacción entre las personas de uno y otro lado.
• Una vez que el proyecto despegue podemos hacer una plaza con ventanas a muchos lugares diferentes.
• Poner una ventana en el hemisferio norte y una en el sur, de modo que en una se pueda ver a personas usando abrigo en el invierno y en la otra el pleno verano.
• Instalar un grupo de ventanas de modo que pueda haber un encuentro entre personas en tres o cuatro países distintos
jueves, 13 de mayo de 2010
lunes, 3 de mayo de 2010
Idea #2
Experimento Social:
Vamos a sustituir todos los claxon de los vehículos en la ciudad, ahora en lugar de emitir un solo sonido podrán emitir dos. El primero será el Claxon de Advertencia, que se podrá usar para pedirle precaución a algún otro vehículo o a un grupo de peatones, para indicarle a un conductor distraído que el semáforo cambió a verde, para pedirle a un conductor estacionado frente a tu puerta que se mueva para que puedas entrar…
El otro claxon será el Claxon de Reclamación, que servirá para “indicarle” a otro conductor que manejó de forma imprudente, para que el “estúpido de enfrente” deje de hablar por celular y se mueva , para que el “imbécil” que se estacionó frente a tu puerta se quite. Para recordarle su imprudencia al que se quedó tapando la calle cuando se le puso la luz roja…
Habría un segundo accesorio: un contador que mida cuantas veces se usa cada uno de los claxon y como experimento social medir el nivel de furia de la ciudadanía.
Como alternativa podríamos instalar los dos claxon, pero que el Claxon de Reclamación sonara el doble de fuerte que el de Advertencia, al tiempo que descarga algunos voltios al piloto del vehículo. De nuevo, podríamos probar cuantas veces se usó cada uno, pese al castigo físico. ¿Y si el contador de uso estuviera vinculado al sistema de la tesorería de la ciudad y pudiéramos cobrar un peso por cada vez que se usa el Claxon de Reclamación?
Vamos a sustituir todos los claxon de los vehículos en la ciudad, ahora en lugar de emitir un solo sonido podrán emitir dos. El primero será el Claxon de Advertencia, que se podrá usar para pedirle precaución a algún otro vehículo o a un grupo de peatones, para indicarle a un conductor distraído que el semáforo cambió a verde, para pedirle a un conductor estacionado frente a tu puerta que se mueva para que puedas entrar…
El otro claxon será el Claxon de Reclamación, que servirá para “indicarle” a otro conductor que manejó de forma imprudente, para que el “estúpido de enfrente” deje de hablar por celular y se mueva , para que el “imbécil” que se estacionó frente a tu puerta se quite. Para recordarle su imprudencia al que se quedó tapando la calle cuando se le puso la luz roja…
Habría un segundo accesorio: un contador que mida cuantas veces se usa cada uno de los claxon y como experimento social medir el nivel de furia de la ciudadanía.
Como alternativa podríamos instalar los dos claxon, pero que el Claxon de Reclamación sonara el doble de fuerte que el de Advertencia, al tiempo que descarga algunos voltios al piloto del vehículo. De nuevo, podríamos probar cuantas veces se usó cada uno, pese al castigo físico. ¿Y si el contador de uso estuviera vinculado al sistema de la tesorería de la ciudad y pudiéramos cobrar un peso por cada vez que se usa el Claxon de Reclamación?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)